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Tania: «Bien alimentaditos»

«Yo no me quedo pegada, yo no iba a dejar que mi hija pasara hambre», dice Tania mientras recuerda el momento cuando se agudizó la desaparición y carestía de los alimentos. Para ella, abrir un comedor era urgente porque veía a los niños muy «desganaditos». Por un tiempo pensó que no sería posible porque para llegar a su comunidad en Macarao hay que subir más de 100 escalones. Sin embargo, Tania se empeñó y con el apoyo de las vecinas lo logró. 
Hoy, su comedor cuenta nada menos que con 27 madres que se rotan las tareas y lo hacen con gusto. Allí se atiende a 75 niños, pero aún hay más de 400 casos en lista. Tania está feliz porque aprobó su curso como promotora nutricional y ahora tiene más herramientas para identificar los casos graves de desnutrición. Ella quiere que su comedor crezca hasta la cancha de Macarao y «poder tener a todos los niñitos bien alimentaditos». Ese es su sueño.

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